Se acerca aquel dia del cual tanto me hablo mi madre anos atras; cuando aun era nino y no entendia las calamidades del ser adulto. Dos meses en cuenta regresiva marca el calendario, el reloj cuenta las horas, mientras el minutero y el segundero en competencia a temer tiriritan el tic-tac.
Sabia fue mi madre al reverlarme de las estrategias de un matrimonio ideal, para no dar con el teatro de los divorcios, y las historias de un Lima llena de chismes.
Entonces recuerdo la paradoja de los matrimonios a conveniencia, arreglados por bien economico y social, y me pregunto que nos hace diferentes.
Ahora estoy superditado al escribir mis infieles sentimientos y hacerles propaganda frente un publico espectacular que espera la mejor de mis actuaciones.
Y se acorta el conteo, los dias, las noches y todo esa peregrinacion de cucufaterias, moldeadas sonrisas, abrazos incomodos, grotescos brindis de felicidad perpetua.
Presa de lo irremediable, me embarco al encuentro atado de pies y manos, confiado en la misericordia de quien todo lo sabe y anticipa, en un invierno que se avecina tardio en tierra fertil.
